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Historia

TESTIMONIO

(Carlos Enrique Tejeiro López)

Al presentar su libro CIRO ANGARITA.RETADOR ha querido su autora María Teresa Herrán, honrar la memoria de aquel hacedor de conciencias que en vida llevara el nombre de ésta Cátedra. Y al vernos aquí nuevamente alrededor de su recuerdo perdurable entiendo que se hace cierto aquel mandato que nos dejara el maestro: la ética de la acción.

Accionar en términos éticos, siguiendo su legado quiso decir para los estudiosos del Derecho de la Infancia y Adolescencia abrir camino: a partir de las posiciones de la tolerancia civil, ser capaz de comprenderlo y perdonarlo todo. Quiere decir, situarse más allá de las confrontaciones tradicionales entre las escuelas clásicas del Derecho, que a su vez presentaron manifestaciones en lo político, capaces de radicalizar el discurso sobre temas vitales como el concepto de Estado, la cuestión de la relación entre la Iglesia y el mundo laico, la concepción de personería jurídica, la sociedad civil, minorías y formas de participación comunitaria. Fueron muchas las ocasiones en las que el maestro se detuvo a repensar dichas escuelas. Escogió dos conceptos focales: la familia y la niñez. Fue alrededor de estos como construyó una delicada urdimbre de conceptos, una metodología sencilla y sin pretensiones, pero eficaz, que a sus alumnos nos permitió reconstruir el detalle de la disertación.

He reflexionado en su ausencia tratando de indagar las razones que tuvo para privilegiar el discurso de los niños. He repasado mis notas, los documentos de su autoría, conceptos de UNICEF, notas de clase y apuntes tomados casi a escondidas luego de las largas conversaciones que sosteníamos durante los viajes. Su aporte permanente a la Comisión Revisora del Código del Menor, que reposa en las actas de dicha comisión, es fiel testigo de su desvelo, de su consagración. Es lo que los Uniandinos llamamos: Más allá del deber.  Y es esta noche el momento de compartir con Ustedes algunos de aquellos momentos.

DE LA TRASCENDENCIA
Es ahora, que vengo a entender, que para hablar del legado académico de Ciro Angarita no se requiere memoria. Menos aún, destreza, en la reconstrucción de conceptos y metodologías. En verdad se requiere una actitud. Actitud que se traduce en ser capaz de cuestionarlo todo, de repensar lo que se ha dado por sentado, por entendido, por asimilado. Vale decir: en la búsqueda de la verdad. Más allá de preconcepciones de cualquier índole, el alma humana posee como inclinación natural precisamente la de intuir la verdad, y de su mano, la justicia. El Derecho entonces, desde esta perspectiva, vendría a ser el instrumentador, el gran acomodador de lo social hacia el fin certero de lo humano: lo justo. Para el maestro Ciro la cuestión no radica en los instrumentos sino en los fines. Fines esenciales al hombre, no definibles en sí, sino en relación, en lo que denominó " el mundo relacional ". La simbiosis entre Derecho y Realidad, su estudio, no es otra cosa que la búsqueda de lo justo.

Tal planteamiento desbordó el marco meramente juspositivista para adentrarse en las disquisiciones del derecho natural racionalista y en la búsqueda de los linderos con el derecho social. Búsqueda no de luces plenas sino de los claroscuros de la mente, de la disertación académica; auscultación de las sombras conceptuales, parteras de tantos odios e incomprensiones sociales.

El Derecho entonces, si no está en relación con las ciencias, alejado de toda pretensión de validez, para utilizar las terminologías en boga, no puede penetrar, cumplir, o lo que es lo mismo, trascender al mundo real donde habita el hombre ávido de justicia social, inmerso en el hacinamiento de las ciudades, en la desesperanza a la que lo ha condenado un postmodernismo incapaz de aliviar sus búsquedas, ebrio tras el festín adormilante de los falsos iconos y dioses, que Angarita no dudó en denominar " los falsos oropeles ". De lo que se trata es de rescatar al hombre, de elevarlo a su condición digna y permisiva de su opción ética prevalente. Trascender hacia sí mismo. Cruzar el umbral de los dogmas, para auscultar la armonía que se esconde en la disertación de las ciencias cuando su centro es la zona neutra del concepto de la dignidad humana.

Así, en esta acepción, trascender significa dignificar, humanizar la ciencia y por ende hacer del derecho el imperativo ancestral de los romanos: " ars boni et aequi " " el arte de lo bueno y de lo justo. " Su pensamiento entonces diseña el puente entre la dogmática clásica y las formas interdisciplinarias para la comprensión del fenómeno. Fenómeno que no es ya el estudio de la validez de las normas, sino el hombre mismo, su dignidad prevalente.

De ahí que decidiera componer, compás a compás, esa partitura única: La Teoría de la Infancia. Y al interior de ésta la disertación sobre las garantías. Entender al niño y al adolescente como garantías de la eticidad de lo humano. Y al Derecho como garantía de aquella suprema: la dignidad prevalente. Así comprendo su insistencia, su desvelo por ellos, por los niños y niñas de Colombia.

A  nivel personal, la trascendencia en Angarita, se plasma en la preservación de la opción ética que cabe a todos los asociados. Trascender significa a este nivel, subvertir los lugares comunes a que nos hemos acostumbrado al tratar el asunto de la pobreza. Es necesario ir más allá: trascender. Comprender que el papel del Derecho toca las potencialidades mismas de los seres humanos y que dichas potencialidades no están definidas en términos simplemente de derechos subjetivos sino que al definirse como fundamentales adquieren la plena dimensión de los fines esenciales del Estado Social de Derecho. La última ratio que explica el pacto colectivo, la necesidad de permanecer juntos al interior de la diversidad, del respeto a las minorías, a las voces disidentes, al silencio de los desposeídos, al dolor de las viudas y los huérfanos de la guerra. Sentencias magistrales de la Corte Constitucional recogen estos postulados. El libre desarrollo de la personalidad, el derecho al olvido y otras piezas jurisprudenciales abren el camino para que irrumpa vívido y actuante el concepto de dignidad y propia autodeterminación. Ese fue Angarita. Por eso María Teresa Herrán lo definió como " El Retador ". 

HAY QUE CAMBIAR
A veces acudo al símil en medio de las exposiciones frente a mis alumnos. Ellos gentilmente me permiten aún exponer ideas y conceptos. Cuando les veo sumidos en el silencio, pensativos, me viene a la memoria lo que fue mi adolescencia y temprana adultez: descifrar el mítico lenguaje de Angarita. Nunca me confrontó en lo personal. Siempre contra o frente a un concepto que yo creía haber entendido. El método mayeutico a base  de preguntas y respuestas destruía certeramente toda pretensión de verdad sabida. Al final lo que quedaba era confuso: una mezcla de desesperanza y orgullo destruido . Hoy lo entiendo. Me enseñó que el Derecho es hermano de las circunstancias. No es su determinante ni su origen. Va de la mano con la cambiante situación de lo político, al vaivén de la historias de las naciones. No existen leyes universales. Existen pactos y compromisos asumidos por la colectividad de todos los países, zonas de acuerdo minimal alrededor de la cual se construye lo civilizado, pero sin dogmatismos, es decir, sobre la cresta de las olas, para no condenar al derecho a ser espolón que las destruya en su intento por llegar a las playas. Es el Derecho al servicio del hombre. No éste convertido en esclavo del dogma jurídico. Así lo entendí cuando lo acompañe en la redacción de las conferencias sobre unión marital de hecho. Era necesario crear el espacio para que los colombianos no siguieran condenados a contraer matrimonio bajo legislaciones extranjeras. Era necesario rescatar la dignidad de las escogencias afectivas, el reconocimiento a las cuestiones de hecho, más allá de posiciones estigmatizantes. Trascender es entonces, respetar, reconocer el diverso, el otro. Implica la utilización ética del poder político y de la fuerza. O lo que ahora se denomina : derecho humanitario.

! Qué rica y profusa fue su creación legal y jurisprudencial! - Mal haría en pretender agotar su comentario en estas breves líneas en presencia de quienes le conocieron y honraron en la Academia.

LA INFANCIA COMO CONSTRUCTORA DE LA DEMOCRACIA
Entendida la cuestión ética que subyace en el discurso propuesto por Angarita queda tan solo una observación. La ética debe entenderse desde los pactos minimales sociales: es necesario crear la zona neutro alrededor de la que puedan encontrarse las más diversas tendencias. En su propuesta dicha zona está enmarcada por la definición de niñez y adolescencia.  De ahí que estableciera a la infancia como elemento primordial para construir las formas participativas de lo social. En esto destacar las movilizaciones de los niños, que como el voto, marcaron en su momento los nuevos rumbos para comprender el verdadero alcance del concepto de ciudadanía. Con Emilio García Méndez, se iniciaron los primeros trabajos para otorgarle un contexto pluralista a la discusión de niñez. De ahí la necesidad de entrar a fondo a la adecuación legislativa del derecho colombiano a los postulados de la Convención Internacional de los Derechos del Niño. Su participación fue activa n esta materia. Se acuño el concepto de constitucionalización para denotar el proceso de adecuación formal del sistema legal al constitucional. En otros términos: desglosar el derecho de los infantes del Derecho Civil clásico para iniciar su interpretación y construcción jurisprudencial desde el Derecho Público y más concretamente desde el Derecho Constitucional. En la actualidad, trabajamos en la formulación del Derecho Procesal Constitucional de Infancia, como camino para la materialización de los derechos fundamentales del artículo 44 y 45 de la Carta Política.

Fue un claro impulsor de los movimientos ciudadanos que tuvieron en los niños y niñas de Colombia partícipes entusiastas que han dado ejemplo internacional de lo que puede lograrse en base  a organización y metas claras. Con Cecilio Adorna de UNICEF hicieron posibles las movilizaciones hasta conseguir la postulación al premio Nobel de la Paz.

Las movilizaciones de los niños enseñaron a construir ciudadanía. Su vinculación activa a lo social mostró que las formas de cooperación entre la sociedad civil y el Estado son posibles y que los postulados de coexistencia no son formales sino materiales. Y en esto nos dejó un ejemplo de la acción concreta y perdurable. Reflexionar, estudiar, pensar, pero siempre, siempre actuar, acción, acción..........

No quiero extenderme más. Su obra apenas comienza a ser descubierta.

María Teresa: Mil gracias por éste libro. Si no lo hubieras escrito, muchas de las anécdotas y sensaciones que en él revives se habrían perdido para siempre. Al leerlo se agolparon a mi mente, incontenibles, los recuerdos, las sensaciones, los diálogos, los momentos que todos nosotros: Yunny, Marcela, Eduardo, Aquiles, Catalina tratamos de relatar en las líneas de tu autoría. 

Supiste sentir que el discurso de Ciro Angarita fue vital, universal, recio, valiente. Pues eso fue su vida: la abnegación valiente al servicio de los demás. Habló, y lo que dijo fue de verdad, como hablan los que son sinceros, como lo fue él, un hombre y un ser humano irrepetible.

 

Si no, como explicar entonces esta emoción que me embarga cuando le recuerdo?

 

 Gracias.

De la historia de la Cátedra por la Infancia y la Adolescencia CIRO ANGARITA

Por: Carlos Enrique Tejeiro López

En sus inicios, con ocasión de los trabajos para la redacción del nuevo Código del Niño, proyecto liderado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), bajo la dirección de la Dra. María Cristina Ocampo, se contrató la asesoría de UNICEF (Fondo Internacional de las Naciones Unidas de Auxilio a la Infancia) con el objeto de permitir la participación de los expertos internacionales que colaboraran en la redacción del estatuto de responsabilidad penal juvenil. El equipo lo encabezó el profesor. Emilio García Méndez. Fue entonces cuando se hizo patente la necesidad de colaborar con UNICEF desde la Universidad de los Andes, (por sugerencia que nos hiciera el maestro Ciro Angarita) a fin de contar con un espacio neutral desde el cual pudieran divulgarse los últimos trabajos y aportes en materia de niñez e infancia. Le propusimos entonces a Cecilio Adorna que integráramos  un equipo de instituciones interesadas y muy comprometidas en el sector a fin de conformar lo que se llamaría la CÁTEDRA UNICEF que habría de sesionar en la Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes, junto con la asesoría y apoyo logístico de UNICEF.


El maestro Angarita, muy entusiasmado, nos ayudó a redactar los primeros borradores de lo que sería un posible convenio. Aprobado el primer borrador, sobrevino la muerte del maestro. Tomamos entonces la decisión de cambiar el nombre de la naciente CÁTEDRA UNICEF por el de CÁTEDRA CIRO ANGARITA. Hicimos varias consultas y finalmente decidimos con Cecilio Adorna y Emilio García Méndez conformar la Cátedra bajo el nuevo nombre. Invitamos entonces al doctor Enrique Tono a vincularse al proyecto y así nació la Cátedra conformada por UNICEF-UNIANDES y la Fundación Restrepo Barco.


Desde entonces, es decir, desde 1997, la Cátedra viene sesionando en forma permanente, realizando foros y encuentros anuales. A la fecha, cuenta con varias obras impulsadas por sus profesores invitados, las cuales forman la colección Ciro Angarita que es parte de la Biblioteca.

 

Cátedra por la Infancia y la Adolecencia - Facultad de Derecho
Universidad de los Andes - Carrera 1 # 18 A - 70, Bloque RGC (Bogotá, Colombia)
Teléfonos:571- 3324536 - Fax: (571) 3324535 E-mail: catciroa@uniandes.edu.co

Universidad de los Andes | Vigilada Mineducación
Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964.
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